jueves, 30 de septiembre de 2010

Paulo Coelho "Porque amamos a los hombres"


Una amiga de Facebook me envió un texto sobre el tema. Desde mi condición de hombre, que está de acuerdo con algunas de estas razones, he realizado una lista basada en lo que leí:

Amamos a los hombres porque no consiguen fingir un orgasmo, aunque quieran.

Porque jamás nos van a entender, y aun así lo siguen intentando.

Porque todavía nos encuentran atractivas cuando nosotras mismas ya no conseguimos creérnoslo.

Porque saben de ecuaciones, de política, de matemáticas, de economía, pero no saben nada del corazón femenino.

Porque son amantes que sólo descansan cuando alcanzamos (o fingimos) placer.

Porque han conseguido elevar el deporte a algo parecido a una religión.

Porque nunca les da miedo la oscuridad.

Porque se empeñan en arreglar cosas con problemas que están más allá de sus habilidades, y se dedican a ello con entusiasmo adolescente, y se desesperan cuando no lo consiguen.

Porque son como las granadas: la mayor parte es imposible de digerir, pero las semillas son deliciosas.

Porque jamás se paran a considerar lo que pensará el vecino.

Porque siempre sabemos lo que están pensando, y cuando abren la boca dicen exactamente lo que imaginábamos.

Porque jamás les pasó por la cabeza martirizarse con tacones altos.

Porque les encanta explorar nuestro cuerpo, y conquistar nuestra alma.

Porque una chiquilla de 14 años puede dejarlos sin argumentos, y una mujer de 25 consigue domarlos sin mucho esfuerzo.

Porque siempre les atraen los extremos: opulentos o ascéticos, guerreros o monjes, artistas o generales.

Porque son capaces de hacer cualquier cosa por esconder su fragilidad.

Porque el mayor miedo de un hombre es no ser un hombre –lo cual nunca le pasaría a una mujer por la mente (no ser una mujer).

Porque siempre se terminan toda la comida del plato, y no se sienten culpables por ello.

Porque les parecen interesantísimos ciertos temas sin gracia ninguna, como lo que les ocurrió en el trabajo, o las características de los coches.

Porque están dotados de hombros en los que conseguimos dormir sin mucho esfuerzo.

Porque están en paz con sus cuerpos, a excepción de pequeñas e insignificantes preocupaciones con la calvicie y la obesidad.

Porque son asombrosamente valientes ante los insectos.

Porque nunca mienten sobre su edad.

Porque a pesar de todo lo que intentan demostrar, no consiguen vivir sin una mujer.

Porque cuando a uno de ellos le decimos “te quiero”, siempre pide que le detallemos cuánto.


Paulo Coelho’s Blog

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Cascabel?


¿Quién le pone el cascabel al gato?

La frase se refiere a la impotencia de los más débiles para tomar precauciones frente a aquellos más fuertes que abusan de ellos. También para referirse a la realización de una tarea complicada o peligrosa, para la que es prácticamente imposible encontrar un ejecutor.

El origen de esta expresión parece estar en un cuento popular, recopilado en el siglo XIV en el Libro de los gatos, que es un manuscrito cuyo cuento número 55 lleva por título De los mures con el ratón, y narra así:

Los mures una vegada llegáronse a consejo et acordaron como se podrían guardar del gato; et dixo el uno que era mas cuerdo que los otros: Atemos una esquila al pescuezo del gato et podernos hemos muy bien guardar del gato; que cuando el passare de un cabo al otro, siempre oyremos la esquila. Et aqueste conseio pligo a todos; más dixo uno: Verdat es; mas ¿quién atará la esquila al pescueso del gato? Et respondió el uno: Yo no. Respondió el otro: Yo no; que ni por todo el mundo yo non querría llegar a él.

La historia tiene diferentes versiones pero todas con la misma moraleja.

http://www.1de3.com/

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sábado, 25 de septiembre de 2010

Marcia Davenport


"Cuando estoy lista para comenzar a escribir un libro, empiezo por el final."
Marcia Davenport


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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Drama Familiar

Dice Jodorowsky que andamos proyectando continuamente nuestros problemas familiares en la vida.


La vida es un escenario donde reproducimos nuestro “drama familiar”. Son otros actores los que intervienen en la obra, pero el guión ya está escrito.


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martes, 14 de septiembre de 2010

El placer de pensar



En una playa perdida junto al mar Caribe, un indígena vivía de la pesca. En las noches, solitario, mirando la luna, se preguntaba: “¿Por qué no tengo una mujer como los otros?. Quiero una compañera simple y a la vez brillante. La quiero humana y también diosa. Deseo que en la noche oscura ilumine mi camino”. Para pasar el tiempo, plantó sandías. Crecieron enormes. Las cargó en su burro y fue a venderlas al mercado de un pueblo. A mediodía llegó un hombre moreno acompañado de una extraña mujer: a pesar de ser joven, sus cabellos eran plateados. El indígena exclamó, admirado: “¡Raro es el cabello de tu mujer!” El moreno le respondió: “Más extraño su corazón, porque también es plateado”. El indígena le preguntó: “¿Dónde nacen mujeres tan maravillosas?”. El otro le dijo: “En un pueblo de brujos, detrás de las montañas. El que se casa con una de ellas alcanza la paz, el amor, la sabiduría, la prosperidad”. Y no quiso decir más. El indígena exclamó: “¡Encontraré una mujer así!”. Y abandonando su burro y sus sandías fue a las montañas. Escaló, bajó, atravesó valles, bosques, desiertos, miles de aldeas. Buscó durante años. Le creció el cabello, la barba, se cubrió de harapos, adquirió expresión de loco. Los campesinos se rieron de él. “¡Ja, ja, busca una mujer con el corazón plateado!”. Nunca la encontró. Decepcionado, volvió a su playa para vivir desnudo comiendo sólo almejas. Un día vio bajar a una mujer por el cerro. ¡Tenía la cabellera plateada! Cuando llegó junto a él, le dijo: “Me envían los brujos porque lo has dejado todo por mí. Te pertenezco.” El gruñó: “No creo que tus cabellos sean reales: te los has pintado. ¡Y tu corazón ha de ser rojo! ¡Te desenmascararé!” Bruscamente le hundió un cuchillo entre los senos para abrir un surco y extraerle el corazón. ¡Era plateado! Gritó: “¡He recuperado la fe! ¡Lograré por fin la paz, el amor, la sabiduría y la prosperidad!” Pero ya era tarde, la mujer estaba muerta.

Llegas hasta donde llega tu fe.

Alejandro Jodorowsky


domingo, 12 de septiembre de 2010

¡Bébeme!



Impasible el líquido de la botella aguardaba, conocía los efectos sobre mi mente. Las minúsculas letras de su etiqueta, inquirían con misteriosa magia mis tribulaciones, ¡bébeme!

Ro





miércoles, 8 de septiembre de 2010

Conversación con un maestro perro


Por las calles de una aldea, un sabio y su hijo se paseaban para gozar el perfume de la tierra mojada. Vieron a un perro vagabundo, temblando de hambre y frío, en busca de una guarida. Los portones donde rasguñó no se abrieron. El sabio le dijo al niño: “¡Obsérvalo un rato, algo aprenderemos de su miseria!”. Ya sin esperanzas, el animal se cobijó junto a una casa. Un campesino que allí vivía, llegó de una bodega cercana con los brazos cargados de leña seca. Dio un puntapié en la puerta. Su mujer abrió y lo dejó entrar. El can observó la escena. Creyó comprender algo. Se precipitó hacia un leño que el hombre perdió en el camino, enterró sus dientes en él, y arrastrando su trofeo fue hacia la puerta para golpearla con sus patas. ¡Salió la mujer, le arrebató el madero y lo corrió a escobazos! Comentó el sabio: “Ese perro nos ha dado una lección de lo que no se debe hacer: a pesar de ser muy inteligente, no se dio cuenta que el campesino entró en la casa no porque trajera palos, sino porque era suya. Cometió el error de querer entrar en terreno ajeno imitando las acciones del propietario”.

Así son los malos discípulos: quieren entrar “en la casa del Maestro” (adquirir su sabiduría), imitando huecamente sus actos, cuando lo que deberían hacer es construir “su propia casa”, (la iluminación no se puede transmitir, es fruto de la experiencia personal), dejando de “robar leña” (copia, falsedad, autoengaño), para ir a los bosques y recogerla ellos mismos. (Descubrimiento de sus propios valores y esencia).

Alejandro Jodorowsky



viernes, 3 de septiembre de 2010

Sobre escribir...

Carta de Neal Cassady a Jack Kerousac

"He sostenido siempre que cuando escribes tienes que olvidar todas las normas, el estilo literario y demás presunciones como palabras importantes, oraciones arrogantes y frases por el estilo, es decir; saborear las palabras como el vino y, adecuadas o no, escribirlas por lo bien que suenan. Creo que habría que escribir, en la medida de lo posible, como si uno fuera la primera persona de la tierra y describiera humilde y sinceramente lo que ha visto, experimentado, amado y perdido, sus pensamientos fugaces y sus pesares y anhelos; y esas cosas deberían decirse evitando cuidadosamente frases corrientes, el empleo trivial de las palabras vulgares y demás. Habría que combinar Wolfe, Flaubert y Dickens.

El arte es bueno cuando nace de la necesidad. Tal origen es la garantía de su valor; no hay otro."




miércoles, 1 de septiembre de 2010

Menos Violencia, Más orgasmos

¡Subvertir la violencia en placer! El orgasmo, más allá de la experiencia físico-corporal, es ícono de entrega y amor. El apoyo, la unión, la empatía entre mujeres nos ayuda a crecer y tener la fuerza de 'todas a una'.